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Entre más ‘viejos’ más ‘buenos’

A los 16 años muchas adolescentes comienzan a descubrir la curiosidad del cuerpo, del gusto, de la atracción hacia el género masculino.

La atracción física por los niños de su mismo curso, del vecino, o de los amigos de sus hermanos, pero muchas otras niñas se dejan llevar por un gusto mayor, de más adrenalina, de mayor impacto, el deseo sexual por los hombres mayores, en este caso, de uno que le llevaba 17 años más.

Valentina es una adolescente que cursa el grado once en un colegio público de la ciudad. Ella era una líder en su salón, una típica chica que demostraba unos años más por su forma particular de vestir, por su estatura alta, su figura espigada, sus curvas bien delineadas y su cara de mujer experimentada.

Esta chica quien ya había descubierto el sexo en un dichoso paseo de colegio, gozaba de un particular gusto por los hombres mayores, ya que como ella afirmaba ‘es mejor que tengan experiencia y no que sean unos niños’. Valentina, quien le encantaba despertar gusto con sus encantos, quedó anonadada un buen lunes al conocer a su nuevo profesor de Educación Física, de 32 años, quien con su cuerpo bien torneado, y su porte de atleta, inmediatamente robó su inspiración y sus pensamientos.

Desde aquel día, Valentina asumió su rol escondido de deportista y comenzó a hacerse notar frente a sus compañeros para robar un poco más de atención. Al comienzo Mauricio, su profesor, la trataba como a cualquiera de sus alumnas, luego fue teniendo mayor afinidad con ella, hasta que al finalizar el primer semestre, en el trabajo final, ella le pidió ayuda y el accedió a dársela, a lo que ella insistió que fuera en horas de la tarde en una de los salones del colegio.

Lo que el profesor no sabía es que ella sería su única alumna, pues cuando ella le había pedido ayuda le aseguró que sería de igual forma para su grupo de amigas, a lo que fue una verdadera excusa para obtener lo que quería.

Un pequeño pantalón, una blusa corta y escotada que dejaba ver su ombligo y senos, recién bañada, llegó Valentina al salón y de inmediato comenzó su táctica de seducción. En el momento del entrenamiento de Baloncesto, con el sudor encima del pecho y de la cara, y entre risas, palabras, y caricias prohibidas, este hombre mayor fue cediendo terreno ante Valentina, al punto de caer en una evidente tentación. Ella lo incitó en que se fueran a bañar en las duchas del colegio, y en este lugar en que sólo estaban ellos, Valentina se lanzó a besarlo de manera desinhibida, su mano se centró en la entrepierna de Mauricio y sin mucho esfuerzo se fueron desnudando rápidamente y tan sólo una ducha, el agua fría, y muchas ganas, se dio apertura a un espectáculo de caricias, de besos apasionados, de movimientos sensuales. La niña de 16 volvió loco al de 32, y como toda una mujer, sacó sus mejores armas hasta exprimir por completo los deseos sexuales de este encuentro.

Luego de este espacio en el que la alumna supero al maestro, y el aprendiz dio su mejor exposición, sólo resto por concluir como un momento inesperado, un verdadero secreto del que nadie debía darse cuenta, del que quedaría un buen recuerdo, porque aparte de que le era su maestro y un hombre mayor, era un hombre casado, y ella sólo quería que fuera una más de sus experiencias que la ayudaran a desfogar su pasión reprimida y sus deseos ocultos por los hombres mayores.

Por: Priapo y Coraila
E-Mail: sexosinreserva@tusemanario.com

 


 

Las apariencias engañan, y en la cama aún más

Por ahí dicen que el que más alardea, ‘chicanea’, presume ante los demás sus dotes de galán y de conquistador, o todo un matador en la cama, suele ser puro cuento, puro despiste y una gran mentira, que ayuda a elevar el ego del hombre, que por muchas causas no se siente completamente ‘macho’.

Existen muchos de esta especie, que en algunos casos con verlos a simple vista los detectamos, pero otros que con oírlos lo sospechamos y unos más que son más complicados a la hora de descubrir.

En el género masculino siempre se da como bien visto, aquel que tiene en su lista varias mujeres, de las cuales ha mejorado su experiencia y entre más grande sea su historial, más macho ha de parecer, sin darse cuenta, que en ocasiones se escuchan y se ven ridículos ante las mujeres, que odian este tipo de inmadurez.

Hay algunos que aparentemente su seguridad es su más grande ‘sex appeal’, tanto que envuelven en su fase principal de conquista a las mujeres, quienes como en una corrida se dejan embelesar por tal caballero. Sin embargo, a veces una fracasada faena muestra lo que no parecía: ‘un mal polvo’, un antiorgasmo, una antiexcitación y una insatisfacción en la cama.

“Puro tilín tilín y nada de paletas”, repetía Mónica a su amigas un día lunes en la universidad en tono burlón, pero a la vez sorprendida al contar su fallida noche con el más lindo de la facultad, ese que muchas deseaban, pero que muy pocas habían tenido la oportunidad de obtener.

Pablo, un chico lindo físicamente, todo un portento de hombre, hacia soñar a más de una, y la gran mayoría de estos, eran sueños mojados, porque sus ojos, su cuerpo, estilo y forma de hablar, dejaba ‘boquiabiertas’ a todas las estudiantes de Medicina, que jocosamente decían “este médico que me cure lo que sea”.

Aquel futuro médico seducía con sus encantos a estas chicas, pero la verdad con muy pocas se le había visto, razón difícil de entender, o tal vez ninguna daba la talla. Bueno eso no fue obstáculo para Mónica, quien con su particular belleza de mujer morena, curvas perfectas, picardía, y personalidad arrolladora, se empeñó en conquistar a aquel muchacho que se dejó llevar por obvias razones, de una fuerte química, hasta el punto más excitante, de tener sexo.

Una noche, en la que ambos habían salido de clases, se sentaron a embriagarse con la cerveza típica del bar, y aunque usaban uniforme, sus cuerpos eran todo un espectáculo, tanto que el gusto era cada vez más evidente. Esta chica que de semestre inferior logró lo que muchas no, seducirlo hasta hacerlo caer, lo llevó a su habitación, la cual estaba ubicada en una residencia universitaria, pero aprovechando la soledad de la vivienda hizo todo lo que ella soñaba.

Una cama mediana, una sábanas recién cambiadas, una luz tenue, no por romanticismo sino por problemas del bombillo, una puerta cerrada que ocasionaba el doble de calor, unas cuantas cervezas que habían llevado, muy poca ropa, y muchas ganas de placer, fueron los testigos de este encuentro.

Besos iban y venían, ganas, excitación y muchos deseos se afloraban y la gran oportunidad de tener a Pablo en su habitación arrojaron a Mónica a desnudarse al vaivén de una canción muy erótica. Un hilo dental rojo, un brasier del mismo color, el cabello hidratado que dejaba ver rizos perfectos, una cintura de avispa, la piel morena perfecta para ella, un baile muy sensual, fueron el detonante principal del deseo de Pablo que evidenció en su entrepierna su gusto.

Luego del baile, ella comenzó a desnudarse con mucha suavidad, con sus dedos recorría sus pezones bien parados, que en sus grandes senos eran más pronunciados, el hilo dental que caía con cierta coquetería dejaba ver sus piernas largas y bien definidas, y su parte delantera sensual, que depilada al cien por ciento era más agradable para Pablo; sus muslos grandes, típicos de la raza morena, y su contoneo, se ubicaron encima de Pablo, esperando que éste reaccionara. Él mientras observaba, tartamudeaba, dejando ver su nerviosismo, algo raro para esta mujer, pero no incómodo. Ella con sus manos rápidamente lo desnudó, dejando al descubierto un pequeño detalle. Su miembro era más pequeño de lo normal, fue muy decepcionante, pero no por ello renunció tan fácilmente.

Ella que tenía una larga experiencia en el campo sexual comenzó a moverse sobre él de manera rápida, fuerte, a gemir tanto que eso lo excitaba aún más, el sudor brillaba en su rostro, y cuando ella creía que él iba a reaccionar como ese macho que decía ser, vino lo peor, lo más vergonzoso, con tan sólo un minuto de penetración él eyaculó, dejando al descubierto un gran problema, no era un buen amante, era todo un fiasco.

Ella aturdida, aburrida y sorprendida tomó un trago de cerveza y lo bebió bruscamente, lo miró y no pudo contener reírse. Él avergonzado, le daba mil excusas para justificar su problema, pero la verdad ninguna fue suficiente. Luego de tanto hablar de ser el mejor amante, de alardear, Pablo dañó su reputación y con una de mucha experiencia. Desde allí todas saben por qué a Pablo pese a su belleza siempre se le ve sólo.


 


 
 
 
 


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