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Celebración
del Día Internacional de la Mujer, un reconocimiento en deuda
Luego de innumerables manifestaciones que buscaban la igualdad y el reconocimiento de los derechos de las mujeres, entre ellos, su derecho al voto, a ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral, uno de los sucesos más significativos y que marcó definitivamente el futuro de la mujer en la sociedad, fue el protagonizado por 146 mujeres trabajadoras de una fábrica textil en Nueva York, en 1908, quienes murieron calcinadas en un incendio provocado por las bombas incendiarias que les lanzaron ante la negativa de abandonar el encierro en el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían, hecho que fue de gran trascendencia en la historia social no sólo de Estados Unidos sino de la mayoría de los países del mundo y que aunado a otros muchos esfuerzos, y a las movilizaciones de muchas mujeres líderes en el mundo, que han logrado avances significativos en la lucha por la equidad de género y la igualdad de condiciones en todos los ámbitos en los que se desarrolla tanto el hombre como la mujer. En el ámbito político encontramos que en Colombia existe la ley 581 de 2002, conocida como la “Ley de Cuotas” en la que se establece la obligación de nombrar como mínimo un 30% de mujeres en los cargos directivos del sector público, aunque este porcentaje se ha superado aún es insuficiente teniendo en cuenta que la mujer tiene pocas opciones de participar en los espacios en los cuales realmente se toman las decisiones, para nombrar sólo algunas cifras encontramos que de 162 curules para la Cámara de Representantes sólo hay 17 curules ocupadas por mujeres, quienes también ocupan 16 curules en el Senado de 102 existentes, en Asambleas y Concejos a nivel nacional se cuenta un porcentaje de entre 16 y 18%, en las gobernaciones ocupan el 3% y en las Alcaldías del país tan sólo un 9%, su participación es muy baja en relación con la de los hombres que ocupan aproximadamente el 90% de estos cargos, según datos de la Registraduría Nacional, congreso y presidencia de la República. Pese a este reconocimiento de los derechos de la mujer y su participación en la vida política y económica en la gran mayoría de los países, se observa desde un ámbito más cercano a nuestra vida cotidiana hechos que muchas veces pasan desapercibidos pero que de una u otra forma determinarán la manera como nuestras futuras generaciones construirán y afrontarán la realidad política, económica y cultural, y es que es precisamente estos factores culturales heredados de nuestros padres y abuelos, los que hoy se convierten en limitantes, para que la mujer ejerza sus derechos a plenitud. El machismo, por nombrar sólo uno, es el factor cultural que en mayor proporción nos afecta hoy. Estas creencias que son transmitidas de padres a hijos, que están enmarcadas en comportamientos y estilos de vida dentro de los miles de familias colombianas, y lo más preocupante es que en muchas ocasiones son imperceptibles, los cuales guían la forma como muchos padres de familia educan a sus hijos y que sin lugar a dudas ubican a la mujer en un lugar desfavorable. Tan sólo es necesario observar las suposiciones básicas con las cuales muchas parejas se unen en matrimonio, y que pueden causar tensión y conflictos con el pasar del tiempo, debido a la necesidad en la mayoría de los casos de que tanto el hombre como la mujer obtengan empleos fuera del hogar, comprobando que su percepción de las responsabilidades de cada uno no corresponde a la realidad. La mayoría de las parejas todavía piensa que el trabajo principal de la madre se centra alrededor del hogar y de los hijos, aunque trabaje tantas horas y tan laboriosamente por fuera del hogar como lo hace el padre y esposo. Estudios realizados revelan que la esposa que trabaja fuera del hogar dedica cuarenta veces más tiempo a las tareas hogareñas de su esposo, es decir, la esposa que trabaja fuera del hogar dedica como promedio 26 horas por semana a las tareas caseras, mientras que su esposo dedica solamente 36 minutos a las mismas, sin contar otros aspectos como los cuidados y la atención dedicada a los hijos, que encierra actividades como la asistencia a las reuniones de padres de familia y maestros, el cuidado de un hijo enfermo, llevarlos a sus controles de salud, a clases de música u otras actividades que realizan por fuera de la escuela. Es cierto, la mujer ha logrado abrirse espacio en muchos ámbitos como el político y económico que en países industrializados y en vía de desarrollo como el nuestro han sido dominados durante mucho tiempo por los hombres, sin embargo, aún se cometen muchas injusticias con la mujer en sus roles propios de madre, hija, esposa, trabajadora, estudiante y en fin en todas las tareas que ella realiza y que son indispensables para el funcionamiento de toda una sociedad. Es por esta razón, que en el marco de esta celebración tan importante que nos recuerda el valor de la mujer, la Red de Sanción Social Contra el Abuso Sexual Infantil, quiere hacer esta pequeña reflexión que nos lleve a todos, sin importar si somos hombres o mujeres a cambiar todas aquellas creencias y actitudes que afectan la concepción de la mujer como un ser con igualdad de derechos, merecedora de todo el respeto y admiración por su labor y que empecemos a pensar en términos de cooperación en la vida familiar y de responsabilidad compartida, es necesario romper con estos paradigmas que hemos heredado culturalmente y que seguimos transmitiendo día a día a nuestros niños y niñas y que los llevará a implementar en el futuro estos estilos de vida que les enseñamos hoy. Por último recordemos que la responsabilidad de la formación y educación de nuestros hijos debe ser compartida, los niños necesitan tanto la figura femenina como la masculina que les facilitará aprender la existencia del otro sexo, y la diferencia entre éstos, logrará la adecuada construcción de su identidad y el desarrollo de una personalidad sana.
Cuando
se acaba la paciencia…
Es cierto, los tiempos han cambiado, pero no la forma en la que se estructuran las relaciones humanas, los hijos aún continúan necesitando de unos padres que los eduquen, les pongan límites, les den buenos consejos y que les brinden una base emocional que les permita sentirse seguros. El rol de padres hoy en día, se confunde muy fácilmente como el de proveedor de elementos básicos, como la alimentación, vestuario, juguetes, útiles escolares y otros, (esto, para hablar sólo de aquellos niños que cuentan con esta fortuna, sin tener en cuenta el alto número de niños en nuestro país que ni siquiera son reconocidos por sus padres), sin negar la importancia para el desarrollo integral de un niño, el hecho de que sus necesidades básicas sean satisfechas, existen otras necesidades que tienen que ver con el ámbito emocional y específicamente con la formación del carácter y la personalidad de nuestros niños y niñas.
En este sentido encontramos muchos padres y madres de familia que continúan
implementando los modelos de crianza con los que los educaron sus padres
y abuelos, otros simplemente quieren dejar atrás estos modelos
represivos, pero no conocen los métodos adecuados de disciplina
y si los conocen no los aplican de manera adecuada, obteniendo en todos
los casos no muy buenos resultados, padres frustrados e hijos mal educados. Para empezar es importante tener en cuenta que la disciplina comienza desde el mismo momento en el que su hijo empieza a mostrar su propia voluntad y a escoger su manera de hacer las cosas, no se debe esperar a que el niño crezca, con la idea de que entre más pequeños, más dificultades tendrán para comprender lo que queremos de ellos. Los primeros años de vida del niño son los más importantes, en sus primeros cinco años de vida, el niño logrará estructurar los rasgos de su personalidad y el carácter con el cual afrontará su futuro. En su infancia el niño ya sabe si puede manipular a sus padres o no, si puede hacerlo lo realizará, si no se le enseña a conformarse dentro de un programa que encaje en la rutina de la familia, cuando tenga seis meses de edad, entrenará a sus padres para que se ciñan al programa que él quiera imponerles. ALGUNAS RECOMENDACIONES: EL RESPETO NO SE EXIGE… SE GANA: No podemos esperar respeto de nuestros hijos, si no los respetamos primero. No debemos caer en el error de avergonzarlo, menospreciarlo, o descalificarlo, esto lesionará el respeto de sí mismo y su autoestima, lo llevará a ser rebelde y agresivo para tratar de reestablecer su identidad personal que esta siendo amenazada, por lo que no lo respetará a usted y mucho menos respetará las leyes de su escuela, de la comunidad, a las autoridades y en general las leyes de su país, pues el respeto que el niño mantiene por sus padres está en proporción directa con el respeto a la sociedad. Entonces recuerde, si debe castigar a su hijo por un mal comportamiento, separe al niño del comportamiento inadecuado, no es igual decirle al niño “eres un mentiroso…un niño malo” que decirle “las mentiras no son buenas y no te las voy a tolerar”, de esta manera estará preservando el respeto que el niño tiene por sí mismo y no peligrará su autoestima, además lo motivará a cambiar. ESTABLEZCA LÍMITES: Su hijo necesita saber lo que usted le permitirá y lo que le prohibirá. Los límites deben ser claros, cortos y fáciles de recordar, se deben expresar con firmeza y ser específicos, por ejemplo si le dices, “debes limpiar tu cuarto”, “Limpiar” significa: tender la cama, recoger los zapatos, barrer, organizar la ropa… de esta forma el niño no podrá dar excusas por dejar el trabajo hecho a medias. CADA VEZ QUE LE PEDIMOS ALGO AL NIÑO, DEBEMOS HACERLO EN FORMA POSITIVA, los niños escuchan a diario un exceso de “no hagas eso”. No diga: “Si no terminas tu tarea no podrás ver televisión”, diga: “puedes encender el televisor, después que termines tu tarea”, experimente con efectuar una corrección en forma positiva y se sorprenderá de los resultados. HABLE UNA VEZ, LUEGO ACTÚE: La famosa “cantaleta” ya muy conocida, nos deja más dolores de cabeza que buenos resultados, tratar de corregir los malos comportamientos de nuestros hijos por medio de reproches, no es una muy buena idea, tarde o temprano el niño descubre que las palabras son aburridoras y por eso llega a hacerse el sordo cuando le hablan, los padres terminan diciendo: “ese niño nunca escucha una palabra mía” y así continúan acumulando amenazas sobre amenazas, cuando tan sólo con actuar y aplicar las correcciones necesarias en el momento indicado se ahorrarían muchas palabras. Además de estas recomendaciones se deben tener en cuenta algunas técnicas de castigo modernas, para casos en los cuales el niño presente malos comportamientos que se manifiestan reiteradamente, y puede representar un peligro para la seguridad del niño o en casos en los que el niño está desafiando la autoridad de los padres: 1. PRIVACIÓN: Es restringir o separar al niño del ambiente normal, o quitarle algo que sea importante para él, procure hacer que el castigo de privación tenga que ver directamente con el mal comportamiento, pues sería infructuoso castigar al niño que está con su bicicleta o triciclo provocando desorden al interior de la vivienda y que su castigo sea privarlo de ver televisión, se debe procurar también que el tiempo de la privación sea razonable como motivación para su cambio. 2. AISLAMIENTO: Consiste en enviar al niño a su cuarto, o sentarlo en una silla, no le dé la impresión al niño de que debe quedarse en su cuarto para siempre porque si no le especifica el tiempo que va a estar allí, el castigo no tendría ningún significado para él y no tendrá mayor incentivo para modificar su mal comportamiento. 3. RETIRARSE: Consiste en ponerse en retirada cuando el niño ocasiona algún trastorno, especialmente cuando existe rivalidad entre los hermanos, con las ya muy conocidas pataletas o cuando surge una discordia entre padres e hijos, si el padre o la madre se apartan de la escena, el niño no puede continuar con sus manifestaciones de desacuerdo; un buen sitio para refugiarse es el baño ya que es un lugar más privado, así respeta el derecho del niño de expresar sus sentimientos pero no le da la atención que el niño busca con su rabieta. Recuerde que si es necesario realizar cambios, esos cambios deben empezar por nosotros mismos, su cambio de actitud, la forma de expresarse y comportarse influirá de manera decisiva en el comportamiento de su hijo, además se requiere firmeza, constancia, muchísima paciencia y amor, no se arrepentirá de los resultados que obtenga y sus hijos se lo agradecerán toda su vida.
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