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CRÓNICA
Los hijos de las nubes

Niños campesinos de una escuela de Jardín, Antioquia, encargados de entregar los informes meteorológicos para la NASA, ahora se conectan en línea gracias a la llegada del Internet. Uno de ellos ya recibió una beca para estudiar Meteorología en Estados Unidos.

Gracias al programa Nuevos Telecentros de Compartel, hoy ocupan el cuarto puesto en exactitud entre las 1250 escuelas que hacen lo mismo a nivel mundial.

El pequeño Hernán Benjumea siempre soñó con la lluvia. Todos los días, cuando iba de camino a clase en la Institución Educativa de Desarrollo Rural Miguel Valencia, en la vereda el verdún, en Jardín, Antioquia, pasaba junto a una estación meteorológica en donde aprendió a soñar. “Empecé a mirar las nubes y a descubrir los secretos del cielo”, recuerda hoy.

El comportamiento del clima se le volvió una obsesión poderosa. “Tanto, que yo a veces capaba clase para irme simplemente a observar nubes o me iba para el aula de sistemas a tabular datos para entender qué había pasado en tal mes y porque estaba lloviendo tanto”, dice.

Era, además, un fervor contagioso. “Me apasionó a tal punto –recuerda– que empecé a capacitar a mis compañeros que venían atrás, que también querían aprender”. La pasión se la contagió una de las profesoras que le cambiaría la vida. “La profe Mercedes se enfermó un día y me dejó un cerro de datos que había que meterlos a los computadores para hacerle el proceso de tabulación –dice el alumno–. Entre esos datos encontré unas cartas enviadas hace mucho tiempo a la embajada de los Estados Unidos, y a una serie de personajes allá, y no sé si un poco irresponsable o no, anoté la dirección y decidí escribirle una carta formal a una señora que se llama Johanna Wilson, de la facultad de Energía y Tierra de la universidad de Oklahoma”.


La profe, por su parte, recuerda cómo nació la idea. “Este proyecto empezó a raíz de una inquietud que siempre me ha acompañado: por qué el miedo tradicional al aprendizaje de las matemáticas y las ciencias básicas. Y eso me hizo buscar estrategias para hacer menos grande ese miedo al aprendizaje”, dice la profesora Mercedes Arrubla Cardona.

La respuesta de Estados Unidos llegó meses después, a mediados del 2007, pero fue toda una sorpresa. La señora Wilson le decía al joven que iba a venir a Medellín y que deseaba entrevistarse con el grupo. “Preguntaba que si nos podíamos reunir en la Universidad Nacional”, señala. Con todas las ilusiones metidas entre una maleta, el grupo de niños viajó a la ciudad en el único medio que conocían. “Contratamos una chiva, hablamos con la experta y ella nos dio la primera luz verde para seguir empoderándonos más de este proyecto. Ella nos dijo además que teníamos la oportunidad de obtener unas becas para irnos a estudiar no sólo Meteorología, sino cualquier otra carrera”.

Desde este contacto, los estudiantes de la Institución Educativa de Desarrollo Rural Miguel Valencia, pertenecen al grupo Series S´cool de la NASA y se convirtieron en colaboradores de la entidad, su trabajo consiste en hacer los análisis del estado del tiempo desde tierra para ser comparados con los análisis de comportamiento climático que hace el satélite Terra.

Son 111 niños campesinos estudiantes de la escuela los que ya se han contagiado de esta fiebre por nubes. “Quiero ser una profesora y enseñarle a los muchachos que empecemos a cuidar la tierra y seguir con este proyecto”, dice Laura Gutiérrez Morales, del grado sexto de esta escuela. “En el futuro, a mí me gustaría ser una observadora en línea del proyecto de la NASA”, señala su compañera Sara Verónica Ruiz.

Y, gracias a los computadores y al internet que instaló en su escuela la Universidad la Gran Colombia y al programa Nuevos Telecentros de Compartel del Ministerio de la Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, los niños de la NASA se comunican en segundos con los Estados Unidos. “Antes tenían que viajar desde su vereda y llevar este reporte hasta el municipio de Jardín –afirma María Teresa Cuello, gerente del programa Compartel–. Ahora desde la propia escuela entregan semanalmente la información en línea a la NASA, para que esa institución pueda comparar los datos del satélite Terra y analizar el comportamiento climático”. Lo más importante es que sus mediciones son más exactas, tanto, que hoy ocupan el cuarto puesto en exactitud dentro de las 1250 escuelas que hacen lo mismo a nivel mundial.

El programa Compartel no sólo ha acelerado el proceso, sino las esperanzas de Hernán Benjumea. Tiene lista la beca que le prometieron y ya se graduó en la escuela. Entró a estudiar Ingeniería Forestal y solo le falta perfeccionar el ingles para poder viajar a Estados Unidos y especializarse en Meteorología. “Me voy para el mejor centro de estudios climatológicos del mundo, que es el National World Center, y quiero llegar allá a aprender todo lo que más pueda y regresarme a Colombia a aplicar eso acá: somos un país casi 100 por ciento campesino y vivimos prácticamente del agro, y el tema del clima lo tenemos muy descuidado. Quiero poder llegarles a los campesinos y enseñarles a mitigar el impacto del cambio climático global, lo mismo que el entendimiento del clima”, advierte el muchacho.

“Estos jóvenes tienen las mismas oportunidades que cualquiera que está en la ciudad más desarrollada del mundo”, afirma María Teresa Cuello. “Y además, cuando los niños están en una zona rural, se vuelven mucho más creativos y tienen mucho más posibilidades de crecer porque valoran más lo que están aprendiendo”, añade.

Y la prueba se llama Hernán Benjumea, aquel muchacho que esperan con mucha curiosidad en la universidad de Oklahoma.

 


 


 
 
 
 


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